10 enero, 2012

Ni un peso mas a esa empresa

Ni un peso mas a esa empresa
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Por instrucción del alto mando (orgullosamente lo confieso, vivo en una matriarcado) fui a recoger un edredón a finales de Diciembre del año pasado. Llegue con mi nota muy contento a la tintorería y Cuál fue mi sorpresa, ¡El precio que  exigió  pagar el dueño del negocio, era un 75% superior al indicado en la nota!. El propietario del changarro argumento “Sr, fue un error de uno de mis trabajadores al colocar el precio en su nota”. Inmediatamente sentí molestia por lo que estaba ocurriendo. Comenté, “caray en la nota viene mi número telefónico. ¿Porque no me avisaron desde antes, para decidir si quería que me hicieran el servicio?”.

Lo peor de todo fue la actitud del dueño del lugar, quién no le importó mi molestia y argumento de forma sencilla. “Para que ud reciba su edredón tendrá que pagar el monto que le indico, de lo contrario no se lo entregaré”.  En definitiva esa es la decisión, Ni un peso mas a esa empresa. Molesto me retiré pagando la exigencia de mi proveedor y también sorprendido por la falta de visión de ese empresario.

Esa situación me hizo reflexionar, ¿Cuantas veces en mi vida yo he actuado así con mis clientes, “o” en su defecto, ¿Cuántas veces he sido inflexible como proveedor interno en una compañía en la cual he participado?. Y vaya que he sido muy poco flexible cuando siento que me cabe la razón, sin importar argumentos, razones o  posibles consecuencias al momento de realizar un trabajo.

Por el grado de complejidad que implica una recompra, es por lo que en muchas compañías valoran los intereses y preferencias de sus clientes. En varias empresas se regala el producto, sino se cumple con el servicio prometido. Como  los amigos de Domino´s quienes amablemente me han regalado en un par de ocasiones sus deliciosas pizas por llegar después de los 30 minutos.

Tanta competencia en los mercados domésticos ha potencializado la importancia de los clientes. Y como se ha permeado: “El cliente es primero”, ya que ellos tienen la decisión de seguir comprando nuestros productos o no. Y lo más difícil para el empresario del siglo XXI es lograr la fidelidad de sus marcas o productos.

Por lo anteriormente expuesto, es importante siempre tratar de conocer el grado de satisfacción que tienen nuestros clientes en el consumo de nuestros productos, adaptarnos a las nuevas necesidades que nos vayan exigiendo. Y resarcir cuando fuese el caso, el daño al no cumplir lo prometido en la entrega,  buscando siempre la recompra en una próxima ocasión.

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